El viernes pasado, el presidente Donald Trump suscribió una orden ejecutiva que suspende las sanciones y aranceles estadounidenses dirigidos al sector energético ruso, medidas que había aprobado previamente el Congreso de Estados Unidos. Esta decisión representa un giro en la política hacia Moscú, luego de que Trump y Vladimir Putin llegaran a un acuerdo que contempla el suministro de diésel ruso a los mercados de Estados Unidos y el mundo a cambio de la eliminación de las restricciones económicas estadounidenses. La Ley Lindsey Graham, nombrada en honor al fallecido senador que impulsó su creación, otorga al mandatario la facultad de aplicar aranceles de hasta el cien por ciento a las naciones que sean principales compradoras de petróleo y gas procedentes de Rusia. En el documento firmado por Trump se indica: “Conforme a lo establecido en la sección cuatro de esta orden, dejo sin vigencia la implementación de tales sanciones, restricciones y derechos contemplados en la Ley Graham”. Esta legislación buscaba sancionar al líder Putin y otros funcionarios de alto rango, así como los sectores energético y militar ruso, además de la llamada flota fantasma constituida por buques cisterna que Moscú utiliza para burlar las sanciones occidentales. Desde que Trump y Putin anunciaron el acuerdo sobre combustibles, la relación entre Kiev y Washington ha experimentado un deterioro notable. El mandatario ucraniano Volodimir Zelenski manifestó su desaprobación ante este pacto, mientras tanto las tropas ucranianas han reiniciado los bombardeos contra instalaciones de refinación de petróleo rusas.
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