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Subsidencia y vulnerabilidad estructural amenazan la estabilidad de miles de edificios capitalinos

La Ciudad de México enfrenta una crisis creciente de seguridad estructural derivada de la combinación de subsidencia acelerada, deterioro progresivo de inmuebles y deficiencias en sistemas de monitoreo preventivo. De acuerdo con autoridades locales, aproximadamente 1,300 construcciones en la capital presentan distintos grados de vulnerabilidad ocasionados por el hundimiento del terreno, envejecimiento de materiales constructivos y efectos de fenómenos sísmicos. A fines del 2025, las autoridades procedieron con la expropiación de cerca de 400 propiedades que sufrieron daños críticos en evaluaciones realizadas posterior al sismo de septiembre de 2017. El reciente colapso de una estructura en demolición ubicada en San Antonio Abad, dentro de la demarcación Cuauhtémoc, expuso la urgencia de intensificar la vigilancia y evaluación de edificaciones con acumulación de daños. Felipe Martínez, director general de Huella Estructural, señaló que aunque naciones como Chile y México han avanzado significativamente en prácticas de ingeniería civil motivadas por su vulnerabilidad sísmica, estos desarrollos han sido impulsados por desastres puntuales más que por políticas preventivas sistemáticas. Según el especialista, existe una brecha importante entre América Latina y otras regiones respecto a la implementación de culturas preventivas robustas. El experto enfatizó que es fundamental establecer marcos normativos exigentes que obliguen al seguimiento continuo de edificios e infraestructuras para mitigar riesgos de colapso. La subsidencia representa el factor más crítico en esta problemática. Estudios del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México reportan que terrenos capitalinos descienden entre 10 y 30 centímetros anualmente en promedio, con sectores donde esta cifra se eleva hasta 40 centímetros por año. Técnicos de Huella Estructural identifican indicadores de peligro como grietas diagonales en estructuras, deformaciones en elementos portantes y desnivelación de entrepisos. Sin embargo, el deterioro frecuentemente avanza sin manifestar señales perceptibles, subrayando la relevancia de implementar tecnologías avanzadas. El monitoreo de la salud estructural en tiempo real proporciona información fundamental para identificar transformaciones tempranas en el desempeño de construcciones e infraestructuras, permitiendo intervenciones anticipadas antes de que aparezcan daños observables o situaciones críticas.

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