Un estudio reciente sobre mujeres en la Alta Dirección en México reveló que las ejecutivas destacan por su agilidad, flexibilidad y resiliencia en la conducción de proyectos de transformación digital. Estas cualidades, combinadas con su compromiso hacia el desarrollo de nuevas habilidades y capacitación continua, posicionan a las directivas como agentes clave en la evolución del futuro del trabajo en sectores como manufactura y banca. Sin embargo, el mismo análisis expone desafíos críticos que ponen en riesgo la permanencia de este talento en las organizaciones. Según los datos recopilados, 43 por ciento de las mujeres en posiciones directivas reporta sentirse desmotivada, mientras que 26 por ciento ha experimentado una disminución en su sentido de pertenencia e identificación con sus empresas. Estas cifras se traducen en una amenaza tangible: 24 por ciento está considerando abandonar su compañía o consejo de administración si las barreras para su crecimiento no son removidas. Las barreras identificadas incluyen aspectos estructurales como discriminación en procesos de promoción, estereotipos arraigados, sesgos inconscientes y microagresiones, factores que entre 20 y 30 por ciento de la muestra reconoce como obstáculos no resueltos. El contexto actual de incertidumbre económica y geopolítica agrava la situación, creando un entorno donde es fundamental revisar los mapas de riesgo asociados al talento. Las nuevas posiciones que surjan en las organizaciones representan una oportunidad única para reconocer la capacidad de reinvención de profesionales que se han comprometido con su autoformación. No atender esta ventana de oportunidad implica riesgo concreto de perder a los colaboradores con mejor actitud y aptitud para conducir la transformación empresarial del futuro.
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