La agencia Fitch Ratings confirmó la calificación soberana de México en BBB- con perspectiva estable, aunque expresó preocupación por el desempeño económico moderado y los retos fiscales que enfrenta el país, particularmente relacionados con la petrolera estatal Petróleos Mexicanos, considerada la empresa más endeudada del sector a nivel mundial. La calificadora reconoció que México cuenta con una política macroeconómica prudente, finanzas relativamente sólidas y una economía amplia y diversificada. No obstante, destacó que estos factores positivos se ven limitados por un crecimiento económico contenido, indicadores de gobernanza frágiles y obstáculos fiscales derivados de una recaudación insuficiente, inflexibilidad presupuestaria y obligaciones contingentes asociadas a Pemex. Según Fitch, la perspectiva estable refleja su confianza en que México logrará evitar deterioros severos pese a las incertidumbres comerciales y domésticas presentes, aunque la actividad económica permanecerá sin dinamismo y la calificación tendrá margen para absorber el incremento proyectado de deuda soberana respecto al PIB. El crecimiento económico del año anterior fue de apenas 0.8%, dentro del rango de 0.5 a 1.5 por ciento pronosticado por el gobierno. Para el presente año se anticipa una expansión entre 1.8 y 2.8%, proyección que analistas consideran optimista en comparación con el gobierno de Claudia Sheinbaum. Fitch estimó un crecimiento de 1.7% para este año, impulsado por la disminución de efectos negativos de políticas previas y el impulso de la Copa Mundial de Futbol que se llevará a cabo en la región. Los datos económicos recientes han mostrado irregularidades que impiden consolidar una recuperación robusta, advirtió la agencia, señalando que la incertidumbre alrededor del T-MEC podría afectar el desempeño. Aunque la administración Sheinbaum busca aumentar inversión, el sector privado expresa inquietud por reformas institucionales, destacando una reforma judicial significativa y cambios en la administración tributaria. Este año representa el segundo intento consecutivo de consolidación fiscal tras heredar un déficit histórico de la administración anterior. El déficit fiscal bajó de 5.8 a 4.9% del PIB en el año pasado, por debajo de la meta de 4.1% debido a apoyos a Pemex. Para este año proyectan ubicarlo en 4.1% y para el siguiente en 3.5% del PIB.
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