El gigante estadounidense AT&T anunció la venta de sus operaciones de telefonía móvil en México a un consorcio conformado equitativamente por Grupo Televisa, bajo la dirección de Bernardo Gómez y Alfonso de Angoitia, y Fintech Holdings, propiedad del empresario David Martínez. La transacción, valuada en 2,000 millones de dólares, requiere aprobaciones de los entes reguladores y podría finalizarse durante el primer trimestre de 2027. Con esta operación, el segundo operador móvil del país pasaría a manos de empresarios nacionales. Al cierre de 2025, AT&T contaba con 24.7 millones de suscriptores, significativamente por debajo de los 84.5 millones que América Móvil mantiene en el territorio mexicano. Televisa, a través de su marca Izzi, ya ofrece servicios de televisión de paga, internet y telefonía fija, por lo que la adquisición le permitiría proporcionar soluciones integradas dirigidas a hogares y empresas. La trayectoria de AT&T en México comenzó en 2015 con la adquisición de Iusacell y Nextel, ingresando al mercado con la intención de competir contra Telcel, propiedad de Carlos Slim, tras la reforma de telecomunicaciones de 2013. Tras once años de operaciones, decidió desinvertir para concentrar recursos en infraestructura de fibra óptica y tecnología 5G en Estados Unidos. Durante 2025, AT&T México generó ingresos de 85,400 millones de pesos, con una utilidad operativa de 1,400 millones de pesos, representando un margen del 1.6 por ciento. Este modelo de negocio requiere una base extensa de clientes e inversiones sustanciales, pero genera márgenes operativos reducidos en relación con sus ingresos totales. David Martínez, socio de la operación, ya posee participación considerable en Televisa. Conforme a análisis de Scotiabank, la consolidación de suscriptores de telefonía fija y móvil elevaría la participación del grupo de 8 por ciento a 19 por ciento en ese conjunto de usuarios. Esta métrica no implica necesariamente control del 19 por ciento del mercado de telefonía celular, pues se trata de mediciones distintas. La presidenta Claudia Sheinbaum expresó su respaldo a la operación al considerarla beneficiosa para potenciar la competencia y elevar la calidad de los servicios. Si bien existe esta posibilidad, no constituye una certeza. Una corporación con mayores recursos financieros podría invertir en ampliación de cobertura y mejora de calidad para arrebatar clientes a Telcel, aunque enfrentaría obstáculos significativos al modernizar una red en un mercado donde el competidor principal posee años de ventaja acumulada. La salida de AT&T se suma a la de Telefónica, que cedió sus operaciones mexicanas durante este año. Aunque ambas transacciones responden a estrategias empresariales distintas, generan cuestionamientos sobre las razones por las cuales corporaciones internacionales de gran envergadura optaron por desinvertir en lugar de proseguir la competencia. Los nuevos propietarios deberán acreditar capacidad de gestión superior. Antes de conceder la autorización, los reguladores deberán evaluar los impactos competitivos y las condiciones de acceso a la infraestructura de red, además de analizar si el nuevo grupo facilitará el acceso de operadores de menor escala a su infraestructura.
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