La película Odisea de Christopher Nolan ha arrasado en taquilla tras su estreno en China el pasado viernes, alcanzando cifras récord que evidencian su resonancia con el público chino. La preventa del primer día generó 4,5 millones de dólares, mientras que su recaudación final superó los 10 millones. Transcurridas apenas cuatro semanas desde julio, la cinta ha cruzado la barrera de los mil millones de dólares en ingresos globales. La plataforma de crítica china Douban le otorgó una puntuación de 8,3, y las redes sociales como Weibo la describieron como un deleite visual, aunque críticos internacionales como Ignacio Vidal-Folch cuestionan su profundidad artística. El fenómeno se enmarca en un contexto social particular. Meses antes del estreno, la expresión «años de Odisea» se propagó entre la juventud china para describir sus dificultades actuales, término inspirado en un artículo de 2007 del columnista David Brooks. El desempleo juvenil chino alcanzó el 21 por ciento en 2023, lo que provocó que el gobierno suspendiera temporalmente la publicación de estos datos. Esta expresión ha calado profundamente entre los jóvenes chinos, preparando el terreno para el éxito cinematográfico. El gobierno no visualiza con agrado esta situación ni la película. Simultáneamente, La batalla naval de Penghu, una superproducción de 70 millones de dólares dirigida a recrear la conquista de Taiwán durante la dinastía Qing en 1683, fue retirada de la programación de julio sin previo aviso ni fecha alternativa. A pesar de haber recibido autorización para su rodaje en 2021 con respaldo político oficial, nunca obtuvo el permiso necesario para su exhibición. El film narraba la victoria del almirante Shi Lang sobre las fuerzas fieles a la dinastía Ming derrotada, permitiendo al emperador Kangxi incorporar Taiwán al imperio, un tema que se alineaba perfectamente con la narrativa de Pekín respecto a la unidad histórica china y su soberanía.
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