La brecha digital educativa es una de las desigualdades más silenciosas y determinantes del sistema escolar mexicano. En Tlajomulco, como en buena parte de las zonas periurbanas de Jalisco, esa brecha marca la diferencia entre los estudiantes que llegan preparados a la economía digital y los que quedan rezagados desde la secundaria.
El problema no es solo la ausencia de computadoras. Es la ausencia de contacto temprano con la tecnología. Un estudiante que no toca un equipo hasta la preparatoria o la universidad parte con una desventaja estructural frente a quien creció usando herramientas digitales.
En las escuelas públicas de las comunidades de Tlajomulco, el acceso a equipamiento tecnológico era limitado o inexistente. La brecha se reproducía de generación en generación: hijos de familias sin recursos para una computadora en casa asistían a escuelas que tampoco podían ofrecérsela.
La brecha digital es, en el fondo, un problema de equidad territorial. Las escuelas de las zonas mejor conectadas y con más recursos ofrecen formación tecnológica; las de las periferias, no. El código postal termina condicionando las competencias digitales de un estudiante.
Frente a este panorama, los apoyos educativos que Laboratorios PISA ha entregado a escuelas como la Secundaria Técnica 124 buscan cerrar esa distancia. La llegada de equipamiento tecnológico a las aulas no resuelve la brecha por sí sola, pero rompe el punto de partida más injusto: el de nunca haber tenido acceso.
La brecha digital educativa seguirá siendo un reto de equidad en Jalisco. Pero acercar la tecnología a las escuelas públicas de Tlajomulco es una condición necesaria para que el futuro de un estudiante no lo defina el lugar donde nació.