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El conflicto de Irán expone vulnerabilidades energéticas críticas en México

El enfrentamiento armado en Irán tendrá consecuencias económicas significativas para México, generando un escenario de menor crecimiento, aumento de la inflación y presiones adicionales en el gasto público. El Gobierno deberá asignar recursos no contemplados para mitigar los efectos del impacto externo en precios de combustibles, fertilizantes y productos agrícolas. En un contexto donde el margen de maniobra es limitado, los indicadores macroeconómicos adquieren importancia crucial. Se proyecta un crecimiento económico inferior al aumento poblacional, una inflación que no descenderá por debajo del 4 por ciento y posiblemente alcance el 5 por ciento, mientras el déficit fiscal permanecerá superior a un billón de pesos anuales. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento del 1.6 por ciento para México, pero esta cifra enfrenta desafíos como la pendiente revisión del T-MEC, las complejidades derivadas de cambios en el Poder Judicial e incertidumbre geopolítica. La duración de la crisis provocada por los ataques a Irán será determinante. Los daños en infraestructura energética regional incluyen refinerías dañadas en Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait e Irak, junto con instalaciones de gas natural licuado en Qatar, Irán y Emiratos Árabes, además de graves problemas en campos petroleros de Irán, Irak y Arabia Saudita. La reconstrucción requerirá meses, extendiéndose hasta 2027, perpetuando la disrupción del mercado global de petróleo, gas y derivados. Según expertos, la situación no retornará a condiciones previas. Los países importadores netos de energía, como México, serán más afectados, advierte el economista en jefe del FMI, Pierre Olivier Gourinchas. México requiere implementar estrategias integrales: resolver el crecimiento del producto interno bruto, controlar la inflación y fortalecer las finanzas públicas. Simultáneamente, necesita acelerar un modelo energético adaptado a estas nuevas circunstancias, incluyendo fracking, energías renovables, promoción de inversión privada, innovación en energía nuclear y relanzamiento de Pemex y CFE con mayor autocrítica y sentido de urgencia. Durante el periodo anterior se perdieron seis años sin avances significativos en política energética, se invirtieron más de veinte mil millones de dólares en una refinería problemática, se descuidó el mantenimiento de instalaciones petroleras, no se avanzó en energías limpias y se suspendió la construcción de redes de transmisión eléctrica necesarias. México enfrenta vulnerabilidad extrema por su déficit en gasolina, diésel y gas natural.

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