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México ante huracanes: la brecha invisible entre respuesta inmediata y recuperación sostenible

El Servicio Meteorológico Nacional ha establecido el calendario oficial para la temporada ciclónica de 2026, con inicio programado el 15 de mayo en el Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico. Se han designado 21 nombres para tormentas atlánticas y 24 para las del Pacífico, incluyendo denominaciones como Fay, Hanna, Marco, Nana, Sally, Teddy, Boris, Trudy, Winnie y Paulette. Millones de mexicanos en zonas costeras enfrentan anualmente la amenaza de fenómenos climáticos severos cuya intensidad resulta compleja de pronosticar. El huracán Otis de 2023, que azotó Acapulco, ejemplifica el nivel catastrófico que pueden alcanzar estos eventos, generando pérdidas tanto humanas como materiales de gran magnitud. La posición geográfica y condiciones climáticas de México lo sitúan históricamente como vulnerable a ciclones, fenómeno que se agudiza debido al cambio climático, que intensifica tanto la frecuencia como la capacidad destructiva de estos sistemas. Si bien México ha demostrado una ciudadanía solidaria que responde inmediatamente ante desastres naturales, estudios recientes plantean interrogantes sobre la calidad, oportunidad y distribución de la ayuda proporcionada. Investigaciones realizadas por Ethos Innovación en Políticas Públicas muestran que mientras la respuesta de emergencia moviliza recursos públicos, privados y de la sociedad civil a través de centros de acopio y distribución de suministros, los esfuerzos de prevención y recuperación a largo plazo reciben menor financiamiento y atención. El análisis revela además que los impactos desiguales según género resultan particularmente graves. Tras el huracán Otis, las mujeres experimentaron mayor pérdida laboral que los hombres, con 36 por ciento frente a 31 por ciento, enfrentando además obstáculos significativos para reinserción en empleos formales. Un 61 por ciento de mujeres reportó afectaciones económicas severas comparado con 49 por ciento de hombres. La carga de cuidados, que se intensifica durante crisis, explica parte de estas disparidades, con 35 por ciento de mujeres asumiendo responsabilidades adicionales postdesastre, limitando así su recuperación. Adicionalmente, las mujeres manifestaron mayor necesidad de atención médica, aunque solo el 54 por ciento de quienes la requerían logró acceder a ella.

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