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Tensiones geopolíticas amplían la crisis económica global y ponen en riesgo el empleo

El conflicto armado entre Estados Unidos e Irán ha expuesto vulnerabilidades profundas en la economía mundial, particularmente a través de las disrupciones en el suministro petrolero por el Estrecho de Ormuz. Esta interrupción ha generado consecuencias inmediatas en los precios de los combustibles estadounidenses, demostrando cómo los mercados financieros globales interconnectados trascienden las fronteras nacionales, afectando directamente el poder adquisitivo de los consumidores ordinarios. Según el Banco Mundial, aunque el conflicto cesara mañana, el mundo enfrenta una crisis de desempleo sin precedentes agravada por presiones inflacionarias estructurales que amenazan con sumir al resto de la década en estancamiento social. El fenómeno de desglobalización autoimpuesto ha incrementado los costos en Estados Unidos durante meses, generando un dilema complejo para la Reserva Federal, que debe elegir entre mantener tasas restrictivas para controlar la inflación o proteger el empleo, objetivo que el Banco Mundial advierte está en riesgo inminente. Para México, la situación es aún más crítica. El país enfrenta el escenario amenazante de estanflación, combinando inflación elevada con crecimiento nulo, mientras experimenta una profunda pérdida de credibilidad que limita la atracción de inversiones extranjeras. Desde la pandemia, la reconfiguración productiva global ha favorecido la automatización sobre la mano de obra tradicional, reduciendo la demanda de trabajadores convencionales y afectando el mercado de consumo de productos mexicanos en Estados Unidos. A esto se suma la falta de certeza jurídica local y la incertidumbre en la autoridad monetaria respecto a sus prioridades inflacionarias. Incluso cuando las hostilidades militares terminen, la paz económica global permanecerá distante, dejando sus costos más altos en los sectores poblacionales más vulnerables.

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